RECORDANDO A PEPE ORTEGA

Conocí a Pepe Ortega hace muchos años, cuando sin dejar de pintar, dirigía la organización clandestina de los metalúrgicos comunistas madrileños. Era todavía un muchacho. Pero ya tenía una obra artística amplia con una vertiente social y política muy acusada. El pincel era en sus manos un arma de lucha contra la opresión. Organizó a un grupo de jóvenes artistas coincidentes con sus ideas que crearon en un momento dado una verdadera escuela. Pero su identificación con las ideas comunistas, con la causa de los trabajadores, le impulsó a ir más lejos, a mezclarse directamente con la vanguardia proletaria, los metalúrgicos, a organizar las luchas de estos, identificándose con sus formas de actuar.

Santiago Carrillo (1º por la izquierda), Ortega y el resto de camaradas que se presentaban a las elecciones de 1976 del PCE. Fotografía en el barrio ciudadrealeño de Pío XII durante un miting.

Hasta nuestra última entrevista, en Madrid, Pepe Ortega siguió pareciéndome un muchacho. Sufría ya los últimes zarpazos de la enfermedad que le arrebató la vida y sin embargo seguía teniendo la misma mirada juvenil, igual espontaneidad, la misma capacidad para ilusionarse que en los años en que nos habíamos conocido. Parecía como si por él no hubieran pasado los años, ni las vicisitudes y las amarguras de la lucha, ni los desengaños causados por las defecciones que acompañan siempre a un calvario como el recorrido desde 1939 por la oposición antifranquista. Siempre dispuesto a afrontar sus responsabilidades de militante.

Tras varios años de prisión franquista, Pepe tuvo que vivir en la emigración y consiguió hacerlo sin cortar las raíces con España y con su patria chica manchega. Toda la temática de su obra está impregnada de la luz, el color y las figuras de la España doliente de aquella época. Encontró en Italia una especie de segunda patria, donde se apreció su pintura con el interés que no había podido prestarle su propio país. Curiosamente aún hoy, el pintor Pepe Ortega es más conocido en el país de Miguel Ángel que en España, donde quizá le perjudicó, aún después de la transición política, el sectarismo del que no estuvo totalmente exenta la política cultural y el hecho de ser un combatiente antifranquista de la primera hora, calidad que caía como un reproche a tanto demócrata de nuevo cuño.

Soy testigo de la amistad y la consideración que guardaba al pintor Pepe Ortega el maestro Pablo Picasso. Este me habló algunas veces de ello, sabiendo que Pepe era mi amigo. Picasso apreciaba a la vez al artista y al hombre generoso entregado a una causa que también concitaba sus simpatías.

Lamentablemente él ya no está entre nosotros para disfrutar de este reconocimiento. Me agrada asociarme de alguna manera a esta iniciativa en honor de alguien que fue uno de los amigos más leales, constantes y desinteresados que he tenido en mi vida.

Santiago Carrillo, político.

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